lunes, 16 de julio de 2012

SIEMPRE MONÓTONA - Ana Lucía Montoya Rendón


1.

Desde el coloquial silencio, ése que bebe alientos entre comas y puntos a parte... desde el deje lerdo de los puntos suspensivos, desde la concavidad de los paréntesis, desde la risa forzada escapada de la inapetente y desdentada boca... Desde allí, los silencios vencidos narran con gestos pantomímicos, detalles de experiencias rastreras. Gritan desconsolados de hambre y de rabia; babean fuego ante la repelencia con la que la tratan la gracia y el celo. Desde lo empinado de esos silencios, cimas vírgenes de un Himalaya onírico donde ha quedado congelado el alma en blancura enferma, pesada como fierro al cuello, desde allí siempre trata de degollar insomnios. Sí. desde esa cárcel blanca vienen mil jinetes en procesión silente. ¡Qué cortejo absurdo es el silencio sea de luces o de sombras! En el séquito van de blanco o negro los fantasmas, todos enlucidos de ternura opaca. Erectos, elegantes, marchan sobre huellas signadas en la arena... risada senda blanda. Todos entonan cantos de viajeros. Van y van y nunca llegan, porque ninguno sabe hacia dónde va. Así desespera el alma enredado en sueños dibujados sobre el espejo de una laguna quieta. ¡Qué locura ser al tiempo este singular cortejo y cadáver soñoliento!


2.

Hay muchas ilusiones en el borde de sus labios, hay en ellos muchos días y noches apagados. En el color de sus ojeras duermen inviernos y veranos, y, en esquinas oscuras de su mente, la estrangulan dichosos los abrazos de su gente, de su tierra, todos ellos su sangre, sus hermanos.

¡Qué silencios por sus poros van brotando! ¡Qué sádicas y morbosas las heridas! ¡Que manía la suya de ir desnuda exhibiendo sus anhelos! ¡Cómo rogar a los diose un perdón y que de sus gargantas fluyan acentos sanadores! Mas, eclosiona suversivo el blanco para el muerto, miliciano intransigente para el indefenso vivo... ¡Qué inocentes niñas son las margaritas enredadas en la alambrada, envoltorio sádico de su corazón cautivo.

¡Cómo hacer desaparecer la crueldad silenciosa del implacable Tiempo!

¿Cómo poner en esa faz un nuevo Sol enamorado? Porque con Amor reviven las estrellas aunque hayan muerto hace eones en el vientre mítico de Cronos.

¿Cómo hará ella para apagar esa letanía de su voz, partitura monótona de ayes en mil octavas, sostenidos?


Ana Lucía Montoya Rendón
Junio 2012