lunes, 16 de julio de 2012

“A CARA O SECA” - Ruben Ivanoff


“-No todas las monedas son iguales.
Las hay más grandes y más pequeñas. Algunas son de níquel, o de hierro. También las hay de aluminio, pero esas no me gustan mucho porque son demasiado livianas.
A mí me gustan las de dos pesos (esas nuevas que hay ahora), porque tienen el tamaño y peso justo. Cada vez que la tiro, la moneda vuela desparramando destellos en todas direcciones; es hermoso mirarlas volar. Hay que ser un experto, de todos modos. No cualquiera sabe tirar la moneda con propiedad y elegancia. Si se te cae al piso, por ejemplo, como les pasa a los principiantes, quedás como un verdadero inútil. Pero eso no me pasa a mí, ya que tengo tanta experiencia que he arrojado la moneda con los ojos cerrados, y la capturé al vuelo con el dorso de la mano, sin titubear ni un segundo.
La semana pasada tuve que ir al médico. Hacía rato que no necesitaba un doctor, pero tuve un pequeño accidente. Es que necesitaba una pala nueva, para plantar mis arbolitos. Me gusta mucho la jardinería. Bueno, el caso es que necesitaba una pala nueva, y había estado lloviendo. Yo sabía que había una ferretería en la calle Posadas, y otra en la calle Paraná. El camino por Posadas era más corto, pero podía haber barro en el piso porque estaban arreglando la calle. Mientras que por Paraná era más largo, pero no había barro. Como no sabía por cual camino decidirme, hice lo lógico y tiré la moneda: Cara, o sea que voy por Posadas. Cuando venía a la vuelta, me patiné con el barro y me di flor de golpe con la pala en la cabeza. Igual mucho no se me nota, el médico me cosió enseguida y al segundo día ya había dejado de sangrar…

Me gusta mucho la jardinería. Me gustan sobre todo los árboles. Encuentro fantástica la manera en que las ramas se dividen: cuando llegan a un nudo, se separan en dos, a la izquierda y a la derecha. Luego se separan de nuevo. Es como tirar la moneda. Seguramente por eso es que la naturaleza es tan sabia. Todo en el mundo sigue el mismo principio. Por eso tenemos cara y seca, blanco y negro, frío y caliente, adentro y afuera, fuego y agua... Me cansaría de enumerar, ya que nunca terminaría. Sí. Yo lo digo: la naturaleza es sabia.
Finalmente logré plantar mi arbolito. Es perfecto: de cada nudo salen dos ramas.

Mis compañeros del trabajo me dicen que yo debería tomar más decisiones, y no dejar tanto librado a la moneda. ¿Qué saben ellos?. Para mí, la moneda es la fuente de todas mis soluciones. Cuando tengo que tomar alguna decisión, la moneda siempre está a la mano para ayudarme. Después de todo, hasta ahora no me ha ido tan mal… Bueno, confieso que opté mal aquella vez que tenía que decidir qué carrera elegir. A mí me hubiera gustado ser astronauta, pero mis padres insistían en que fuera contador. Igualmente la decisión final era mía, y ellos me apoyarían…
Era una decisión difícil para cualquiera, pero no para mí, ya que tenía siempre mi moneda en el bolsillo. Tiré la moneda. Si salía cara: astronauta; seca: contador. Para mí salió cara, pero justo en el momento en que estaba observando la moneda, a mi perro se le ocurrió pensar que estaba por darle algo para comer. Saltó a mi mano, y mi moneda voló por el aire. Cuando llegó al piso, salió seca. Pero yo había visto cara primero.
Ahora creo que debí haberme dado cuenta de que la segunda tirada es la que vale. Además, en la Nasa no me aceptaron ni para barrer. Tal vez sea porque el test que me mandaron lo hice con la moneda… ¡Seguro que fue eso!. Debo haber sacado tan buena calificación que tendría que reemplazar a alguno de los jefes de ahí… ¿Quién sabe?.

Ayer me dijeron que yo estoy enfermo. Me dijeron que es imposible que yo viva decidiendo todo a través de una moneda. No es cierto que yo esté enfermo. Lo que pasa es que sienten envidia porque ellos tienen que tomar decisiones, y yo no tengo esa necesidad. Pero yo los comprendo, ellos tienen que vivir inseguros toda la vida, sin saber si tomaron o no la decisión correcta. Anoche la mesita de luz me decía justamente eso. Me pasé casi media hora disertando con ella, pero no quería creerme. Según ella, yo debería hacer caso a mi familia y amigos, que me aconsejaron ir a un psicólogo para que me ayude con mi problema.
La mesita dice que yo tengo algo raro en la cabeza, y aunque yo le digo que no, ella ya puso a los otros muebles en mi contra. EL sofá-cama y el velador están con ella. Sin embargo mi viejo y querido placard me apoya. Es más, según él, yo debería quitarme la tapa de la cabeza utilizando un buen destornillador y un martillo, y así le podría demostrar a la mesita que no tengo nada malo ahí adentro. Estoy evaluando seriamente hacerle caso mañana temprano, cuando me levante…”

Al día siguiente, nuestro amigo se levantó temprano, y fue derechito a la caja de herramientas. Tomó un destornillador en su mano, pero entonces recordó algo. Buscó entre sus bolsillos, y con gesto triunfal sacó una moneda de dos pesos.

“-Cara: destornillador. Seca: psicólogo.

Entonces, fue cuando vio al arbolito. Algo extraño había pasado en él: Una de las ramas, se había dividido en tres. ¡en tres!. El árbol ya no era perfecto, en consecuencia la naturaleza tampoco…
Esto significó un duro golpe a la maltratada mente de nuestro amigo, quien lentamente guardó nuevamente la moneda, mientras meditaba.

“Si la rama se dividió en tres, entonces quiere decir que a veces hay más de dos opciones. A veces no se puede usar la moneda.
La verdad que esto de usar la moneda para todo, queda medio ridículo si tengo muchas opciones. Seguro que es más inteligente tomar decisiones propias. ¡Incluso puede llegar a ser peligroso!. Todavía recuerdo el golpe que me dio la pala. Me parece que voy a cambiar. Voy a dejar de usar la moneda para decidir todo, y voy a tomar mis propias decisiones, como hace la otra gente. ¿Y yo pensaba en abrirme la cabeza con un destornillador?. ¿En qué estaba pensando?. Definitivamente necesito ayuda.”

Ya se había decidido a ir al psicólogo al día siguiente. Pensaba que debía haber escuchado antes a su familia. Sin embargo, su meditación fue interrumpida bruscamente:
Dos enfermeros entraron a su cuarto, y bruscamente le pusieron una camisa blanca sin mangas…

-“¡No estoy loco!. ¡Créanme!. ¡Ya dejé de usar la moneda!.”

Desafortunadamente nadie lo escuchaba ya… Bueno, tal vez sí la mesita de luz, pero ella ya no le hacía caso.


Ruben Ivanoff