lunes, 16 de julio de 2012

Jeroni Mira Galmés


En este paso que doy hacia la noche me siento tremendamente solo, tremendamente desamparado, indiscutiblemente alejado de la calidez de cualquier abrazo. He roto las amarras a hachazos y, al igual que fúnebre nave vikinga, dejo que las aguas me arrastren fuera de este mar hacia los desconocidos océanos.

Aplacándose la furia del día entré en la calma donde no se define la noche, la luminosidad tiene un carácter propio a esta hora de cada día, de los que viví, del que estoy viviendo, de los que me puedan ser dados por vivir. No tenía palabras para crear, ni los pinceles goteaban colores; la mente, algo que está ahí rigiendo los destinos de todas las funciones corporales y anímicas cobraba una dimensión inusitada.

Nota sobre "Nada por decir" 2009