martes, 22 de enero de 2013

BESOS MUDOS - Ruben Ivanoff


(Para el especial de cartas de Amor).

[...]
¿Sabes?, el silencio ha sido mi aliado durante mucho tiempo…

He aprendido que el silencio puede ser tu Amigo, sobre todo cuando no tienes la posibilidad de hablar. Cuando tus palabras ocasionan daño en los demás, es cuando debes callar. Y cuando tus palabras no sean mejores que el mismísimo silencio.

Querida Mía: Nada me hará más feliz que tu felicidad. Si tengo la desgracia de no poder… de no ser… entonces, llevaré con Amor las cadenas del desdén. Seré para ti, dulce Amada mía, nada más que un conocido. Alguien que alguna vez te ha robado unos pocos besos; y a quién has abandonado…

En silencio te he conocido. Conversamos en silencio de mil cosas. En silencio hemos creado un mundo solamente nuestro… En silencio te abrí mi corazón.

Pero ahora, ¡oh! Dulce Amada mía, en silencio me has abandonado. Me has dejado en las penumbras del olvido; me has odiado suavemente en el Amor que has demostrado. Has sabido comprenderme, consolarme y confortarme… y has logrado sin querer, (por mi culpa), abandonarme.

¡Cómo he deseado robarte esos besos!... Soy un ladrón confeso. Confieso haberte quitado una parte de tu Alma, una parte de tu ser y una parte de tu corazón. Pero a cambio te he dejado las mismas cosas… se que mi corazón no se iguala con el tuyo; pero al menos he intentado convertirlo en algo más noble a partir del contacto contigo. No me arrepiento. Soy un ladrón, te he robado algo más que unos besos; pero he aprendido que daría una y mil veces más mi Alma por volver a sentir la presión de tus labios.

Momentos de muchísima emoción. Instantes en los cuales pierdo la noción del ser. Tu cuerpo en contacto con el mío. La pasión creciente y el deseo inminente... tal vez comprendas entonces el por qué de mi hurto. Es la necesidad de ansiar el instante. Ese misterioso instante durante el cual la felicidad invadió todo mi ser al tenerte entre mis brazos.

Y entonces, es cuando comienzo a comprender. Dicen que poner las cosas por escrito te ayuda a comprenderlas. A ordenarlas. Y eso es justamente lo que me acaba de pasar. Mi mente, influenciada permanentemente por mi Alma, nunca hubiera podido comprender la realidad de estas verdades.

Tu desdén no es tal. Simplemente es tu forma de demostrarme mi error. De hacerme saber que frente a la posibilidad de tener tu Amor, fui YO quien no pudo contenerlo. Yo fui el responsable de tu abandono. Pero no sólo por robarte unos besos, no; eso sería un desvarío. Soy el culpable porque contra todas las posibilidades intenté acercarme más. Intenté ser por unos breves instantes, aquel que no debo… aquel que no debiera ser… aquel que yo mismo decidí no ser aquella noche…

Es asi, mi Amor. Te robé no sólo algunos besos. Te dejé a cambio no sólo algunos besos. Pero recién ahora entiendo que no debiera haber sido. Que el destino nos jugó una mala pasada al interceptar nuestros caminos demasiado tarde… Quisiera a veces retroceder el tiempo, y decirle al futuro que cambie… sólo para poder estar contigo…

Lloro tu distancia. Pero la merezco. Lloro tu ausencia; lloro por el dolor de mi corazón hirviendo en el horno de la pasión. Lloro porque nunca te tendré, y porque nunca tuve que tenerte. Porque unos instantes de felicidad me han hecho perder… A ti.

Así que ahora, sólo me queda el silencio. El dolor en silencio o la paz del silencio… todo depende del enfoque. Lo cierto es que en silencio llegué a tu vida. En silencio me acerqué a ti. Y de la misma forma en que llegué, en silencio, como un fantasma, gradualmente, me desvaneceré.