jueves, 12 de abril de 2012

ÑO CARNAVALON: SON DE LOS DIABLOS SON - Julia del Padro

Los diablos bailan en el atrio de la Iglesia de Santo Domingo mientras las beatas acuden a la misa que el párroco Matías celebra los domingos a las dos del mediodía. Estas en su mayoría ya viejas se ocupan mucho de la vida ajena, de ponerle salsa y pimienta a su vida. Los chismes pululan entre ellas, de eso viven. Y luego van a la misa, se golpean el pecho y hasta van al confesionario a contar la historia de la vecina o del vecino. Así se sienten bien.


Le rezan al Santo negro milagroso San Martincito de Porras, el de la escoba, el que barre las malas vibras; aquel que juntó pericote, perro y gato e hizo que muchos enfermos graves no murieran.


Los negros tienen este Santo, cocinan rico, con su música plena de sensualidad; luego del baile en el atrio se alejan en cuadrillas, ha terminado la misa, las beatas se persignan ante tanto requiebro de fiesta. 


Tam ram tamgairá. Sonidos de cajita, cencerro, checo, guitarra y cajón. Bailan y tocan, se dirigen a su callejón de un solo caño, a cinco cuadras de Santo Domingo. Algunas de las beatas viven también allí.


Ño Bisté, el Diablo Mayor dirige la comparsa, adelante, imponente con su látigo en mano. Gracias acrobáticas, bajan y suben sus cuerpos estos negros sin descanso. Vestidos de rojo y blanco, muchos bobos, con cascabeles, camisas buchonas y máscaras de colores, con los cachos que asustan a las viejas beatas, ellas esconden sus caras. Ño Bisté saca la lengua acercándose a una de las beatas, Donailda.


“venimos a los infiernos
no se vayan a asustar
con estos rabos y cuernos
danzamos y ya…”


Celebran todos, principalmente beatas y diablos el Sacramento de la Eucaristía en la fiesta de Cuasimodo y también en la de Ño Carnavalon, ligado al miércoles de ceniza.


Vean a la comparsa, el cajonero Octavio se queda atrás, recoge su cajón, corre, espera adelante y acompaña nuevamente a los fiesteros.


“estaba charanganguito
estaba comiendo un hueso
y como el hueso era tieso
le daban con la patita.
una mona se murió
y la mona le enterró
con cuatro velas de esperma
a la orilla del mar”


Donailda, la beata negra que camina rapidito reza por ellos con sus amigas, por Ño Bisté, ese Diablo Mayor con esa máscara de bigotes tan largos y sus diablitos; por Sarandunga, Papaúca, Matita, los músicos y el cajonero Octavio.


Los músicos y el cajonero llegan primero al callejón de un solo caño, luego los diablos que paran de bailar, sigue el festejo de otro modo: con pisco puro, cevichito y canchita salada.


Tum tum tumbará
chumba que chumba
chumba que chumba ¡Cha!
ahí está Ño Bisté
con sus calzones bombachos
y sus bigotes de fuego.


Ño Bisté, el Diablo Mayor y los diablitos no se han dado cuenta de que Donailda ha entado a su casa a rezar el rosario con las otras beatas y a invocar a San Martincito, y además ha llevado al cura Matías, el párroco de Santo Domingo; sino hubiera recibido la pobre otra antojada sacada de lengua de ese negro sabroso.


Julia del Prado (Perú)