lunes, 6 de agosto de 2012

UN CUENTO KAFKIANO - Humberto Dib

Llegué a Praga decidido a escribir un cuento kafkiano. No estaba del todo seguro qué significaba aquello, pero creí que la ciudad me lo iría revelando a medida que transcurrieran los días. Me pareció que lo lógico sería pasar primero por el museo del gran escritor en la Malá Strana, allí en la entrada me encontré con un monumento en el que había dos sujetos orinando. Como me figuré que mear en público debía ser un asunto kafkiano, fui hasta el Puente de Carlos, me bajé los pantalones y -motivado por el raudo fluir del Moldava- oriné en medio de varios transeúntes que paseaban por el lugar. Dos policías me detuvieron de inmediato y me trasladaron a la Corte de Justicia. Los oficiales dijeron que el proceso sería muy largo, me garantizaron que me volvería cucaracha antes de que pudiera estar libre otra vez, pero yo no creo que la condena sea tan grave. Lo cierto es que paso los días en una interminable contemplación, quise mandarle noticias acerca de la situación a una mujercita que me espera en mi ciudad, pero como me sentí avergonzado por lo ocurrido, resolví enviarle una carta al padre, diciéndole que no veía la hora de volver a América, le aseguré que no quería terminar mis días en una sucia y húmeda colonia penitenciaria checa.

Humberto Dib